Bares, qué lugares: del primer café al último cubata, satisfacción plena
2018-03-29

Por Ricard Martín

 

Ah, la autenticidad... Esa elusiva cualidad tan preciada por el visitante de una gran metrópoli. El antídoto que nos convierte de turista en viajero, que posibilita que nos sentemos a sentir la ciudad codo con codo  con los locales. ¿Dónde buscar la autenticidad? Pues en los bares, claro. Bien sean locales ajados por décadas –o siglos– de bebida y codos, o de apertura reciente pero destinados a promover la vida y la interacción, que no la gentrificación. Bares, en definitiva, que son la antítesis de las trampas para turistas. Empezamos con la paradoja de buscar la autenticidad en el Gótico, un barrio que es un Frankenstein  de falsos edificios antiguos –construidos a principios del siglo xx– con Gótico verdadero del s. XIII con cuentagotas. Empezamos con un buen café: como el que sirven en Tostaderos Bon Mercat (Baixada de la Llibreteria, 3): este es el bar de la barcelonesa familia Marcilla.

 

Vendieron su marca y nombre a una multinacional holandesa a mitad de los ochenta, pero siguen tostando y sirviendo óptimo café bajo el nombre de Dibar. Barra mañanera de políticos y artistas es un cafetería con venta y tostadero de grandiosa relación calidad-precio. Pero si queréis un café extraordinario, cruzad la plaza: en Ciutat, 5 está Black Remedy, innovadora cafetería de especialidad con bocadillos gourmets y un tratamiento tan exquisito del grano euforizante como de la leche. El negocio pertenece a la familia Ascaso, pioneros de la fabricación de molinillos. Una cafetería trendy  en Ciutat, 7. Sea como sea, son sitios claves para evitar las franquicias de café requemado a precio de oro. Se acerca la hora del vermut, y nada mejor que una caña –o una sidra– bien escanciadas.

 

En un entendimiento fenomenal de tradición y modernidad, el chef asturiano Fran Heras ha abierto El Chigre (Sombrerers, 7) delante de Santa María del Mar: es un híbrido entre sidrería y vermutería, equipado con tiradores de cerveza y vermut y brasa de carbón. “Quiero juntar a obreros y burgueses, a vecinos y turistas, y que se coma chorizo y percebe”, explica el cocinero. Heras y la exquisita interiorista Eva Arbonés han rehabilitado una casa de finales del siglo XVII con retales históricos: el suelo viene de una escuela de Lérida, el mostrador de una librería... ¡la pica de los servicios, de una pila bautismal!

 

Y después de una buena pitanza, podéis optar por la siesta, pero cunde más reaposentar las nalgas en alguna terraza con valor añadido. Si estáis por la zona del Palau de la Música, sabed que el centro artístico undergound L'Antic Teatre (Verdaguer i Callís, 12) dispone de un bar con terraza interior que es oro oculto: cerveza fría o un té marroquí a la sombra de árboles anárquicos en pleno marasmo turístico. Su directora, la artista Semolinika Tomic, explica que “es importante para nosotros que el bar sea un crisol: gente mayor, alemanes, marroquís, chinos, ingleses...”.

 

Terraza del Antic Teatre @Antic Teatre

 

Cae la oscuridad: podéis optar por manteneros en el pujante barrio de la Ribera o tomar el Raval al asalto. O hacer las dos cosas, vaya. En todo caso, no es mala idea tomar la primera en el Pony Cafe (Portal Nou, 23), una barra aglomerada con aires de boudoir de película de destape y una fenomenal selección musical de pop-rock. Exuda un carisma un tanto sórdido, y las bebidas (tragos solos, cubatas y gin-tonics) son simples pero de calidad.

Y ya con un pedazo de noche en el cuerpo, enfocamos Rambla arriba hacia Boadas (Tallers,1), La coctelería de Barcelona. Abierta en 1933 por Miguel Boadas Parera (nacido en Cuba en 1895), esta barra circular es conocida como the church (la iglesia) mundo allende. Puerta de entrada del cóctel en España, su barra semicircular no dejó de servir copas ni cuando caían bombas. La muerte de la hija de Miguel –Maria Dolors, “la sacerdotisa de la Luna de perenne sonrisa perlada” según Vázquez Montalbán– en el 2015 impulsó una renovación del local –los trabajadores asumieron la continuidad de la empresa– y hoy combina clasicismo con la vanguardia, gracias al oficio de  Adal Márquez, todavía joven prodigio de la mixología. Boadas estuvo a un tris de sucumbir al triste destino de ampliación del fast-food hace pocos años. Habría sido un crimen contra los bebedores: sus taburetes mantienen el poder telúrico sedante al que sucumbieron Greta Garbo, Hemingway, Dalí, Picasso o Miró.

Si habéis optado por dos Dry Martini, ya iréis de lado. Saltad al siguiente párrafo. Por el contrario, si la cosa ha ido de Moscou Mule o similares, podéis permitiros un paseíllo hasta el Bar Muy Buenas, otro elogio a la supervivencia. Curiosa historia, la de esta joya modernista abierta el año 1896 como bacaladería, convertida en bar en 1924: en 2014, ante el cabreo por un desahucio por impago, el anterior inquilino desmontó el grueso del patrimonio modernista –el artesonado de la fachada y el cartel, buena parte del mobiliario interior, mampara, mostrador...– y lo secuestró en un almacén del extrarradio. Después de persuasión vía judicial del Ayuntamiento, el réprobo devolvió las piezas y las depositó en el suelo del local. El grupo La Confitería reabrió en 2017 este clásico hasta el estado de gracia actual: un trabajo de orfebrería e investigación deslumbrante, que te transporta hasta el modernismo más wagneriano y barroco. El bar como obra de arte. Subid a la coctelería del altillo: reinterpretación de los grandes tragos mediante licores catalanes. “¿Por qué utilizar un Pastís si disponemos del maravilloso Anís del mono? ¿Por qué tirar de sake si tenemos licor de arroz del delta artesano?” se preguntan acertadamente. Y el resultado es del todo satisfactorio y sorprendente.

De acuerdo, sois los de los dos copazos en Boadas. El cuerpo pide guerra y meneo, pero no a costa de cubatas perpetrados en vasos de tubo. Un rápido trayecto en taxi os conduce a Slow Barcelona, en París, 186. Una coctelería que desencaja la mandíbula por dos motivos: primero, por la calidad de los tragos, artefactos de creación propia que mezclan líquido y sólido. Segundo: ¡es una coctelería con boîte! Que ellos definen como rock and roll chic, un cubículo elegantísimo y cromado en que empezar a perder los papeles. Claro que si sois de la opinión de Norman Mailer, la que dice que los tipos no bailan, pues nada, justo en la esquina podéis incrustaros en la barra de Ideal Cocktail Bar (Aribau, 89): el otro gran clásico coctelero de la ciudad con permiso de Boadas. En este recio salón al estilo inglés –sofás tapizados de rojo, madera noble– reina Josep Maria Gotarda, nieto del fundador Antonio Gotarda, que a bien tuvo de importar a Barcelona el modelo de coctelería europeo en 1931. El Ideal es uno de los grandes templos europeos del whisky y del bourbon, y tomar un reconstituyente whisky sour aquí es notar el peso del tiempo y de la barrica masajeando tu garganta. Balsámico. 

Y a las dos de la madrugada estás listo para estallar. A un tiro de piedra, la discoteca Luz de Gas (Muntaner, 246) ofrece posibilidad con un elenco de fiesteros interclasistas, desde lampistas a abogadas, a ritmo de 40 Principales y discotequeo vintage. Pero si queréis algo salvaje para acabar la jornada, toca descender a las profundidades: de la ciudad y de los sótanos. El Karma, en un sótano de la Plaza Real, 10.  Es un cálido túnel de penumbra y rock and roll, que va de menos a más. De amistosas conversaciones en la barra, al busca y destruye en una pista de baile abarrotada y hedonista, a ritmo frenético. Y si la afluencia flojea, visitad el Magic, (Passeig de Picasso, 40) antro de resistencia rock con solera (enormes fotos enmarcadas de los Stones y la Banda Trapera te guían en el descenso a la fiesta) que a las cinco de la madrugada te convierten en máquinas de romper tabúes y engullir cerveza; quizás al dia siguiente no recordarás de la etílica misa la mitad. Pero qué caramba, ya lo contaba Mick Jagger: no siempre consigues lo que quieres, pero a veces, si lo intentas, consigues lo que necesitas.      

 

Ricard Martín es periodista especializado en información gastronómica y de ocio nocturno desde hace más de 10 años y colabora en diversos medios, entre los que destacan las revistas Time Out, Tapas y Rockdelux y las emisoras Catalunya Ràdio y Cadena SER Catalunya.