Andrea Torres: “Aún me sorprende el hecho de que a alguien le interese lo que yo hago”
2019-11-21

Autodidacta, apasionada, tenaz y capaz de convencer a la crítica especializada, que ya ha reconocido su talento y su creatividad con una nominación a los premios Sony World Photography Awards de 2017 o con una mención de honor en el New York Center for Photographic Arts, entre otros. Así es Andrea Torres, licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona, y con un estilo propio que ha ido puliendo a lo largo de su corta y prolífica carrera. No en vano ha conseguido un gran posicionamiento en el mercado sin haber cumplido todavía los 30. A sus veintitodos, es una de las artistas que podemos “descubrir” en el ciclo de exposiciones Below Thirty, que realiza Seventy Barcelona, acogiendo cada 15 días a artistas menores de 30 años, para exponer sus obras y dar a conocer su pasión por el mundo del arte. Su obra estará expuesta en el espacio The Attik hasta el próximo día 26 de noviembre.

¿Cómo nace esta inquietud artística en ti y cómo la acabas cristalizando en la fotografía? 

En realidad, desde siempre me ha interesado la fotografía, pero sobre todo desde pequeña. Me gustaba mucho recortar imágenes de revistas, me hacía carpetas, hacía mis propios cuentos, con collages, con imágenes que encontraba en las revistas, con dibujos que hacía yo. Con ocho años pedí a los Reyes Magos una cámara de carrete.  Esa fue mi primera cámara, con un carrete en blanco y negro. Aunque parezca demasiado pronto, esa fue la primera vez que recuerdo ser consciente de que me gustaba mucho coleccionar imágenes. Ese fue el inicio.

¿Cómo fue evolucionando este amor por la fotografía?

En la adolescencia me compré una cámara mejor y hacíamos fotos con amigas. Pero fue cuando entré en la universidad cuando dije: esto de la fotografía me interesa mucho. Es un hobby con el que me lo paso muy bien. Con las compañeras de la universidad ya hacíamos sesiones un poco más artísticas y más serias. Pero por placer. Ni siquiera cursé el itinerario de fotografía de la carrera. Era más por el placer de imaginar y de crear historias. Me gustaba mucho el color, la luz natural, el retoque después con el ordenador, acabar de ajustar luces… 

¿Siempre has tenido claro que querías estudiar Bellas Artes? 

Yo siempre he dicho que quería ser o pintora o fotógrafa del National Geographic o periodista. Siempre quise tener un programa de radio. De hecho, grababa mis propios casette. Hice el bachillerato artístico, pero luego entré en la carrera de periodismo de la Universidad Autónoma de Barcelona. Hice el primer año y vi que eso no era para nada lo mío, que la gente tenía vocación de periodista y yo no tenía. A mí me gustaba mucho más inventarme las cosas y en todo caso a lo mejor sería antes una escritora de novelas de ficción que una periodista. Vi que no era lo mío y que era la mejor oportunidad de hacer lo que realmente quería, que era estudiar Bellas Artes. Cuando tomé esa decisión todo el mundo me decía: “No podrás vivir de esto, es muy difícil…” Entonces decidí que al terminar Bellas Artes trabajaría como comisaria de museos y montando exposiciones. Esa era la idea. 

 

Andrea Torres

 

Y cuando entraste en Bellas Artes, ¿ya querías apostar por la fotografía o fue al acabar la carrera que tomaste la decisión de seguir este camino? 

Fue en el último curso. Yo entré y dije: “tengo muy claro que no mezclaré mi hobby que es la fotografía con la carrera, porque si lo mezclo, acabaré odiando eso con lo que me lo paso bien. Ya haré otras cosas”. Hice técnica tradicional de grabado, y después un itinerario de arte conceptual. En el último curso de carrera, me salió un trabajo con una empresa importante como fotógrafa, viajando por el mundo y haciendo fotoperiodismo. A raíz de aquella experiencia llegué  a la conclusión de que tenía que hacer algo que de verdad me gustase mucho porque el tiempo que invirtiese lo tenía que invertir en algo que no me resultara estresante, ni en la investigación del trabajo ni en la realización del trabajo. Aproveché mi trabajo de final de carrera para apostar por la fotografía. Hice un trabajo de fotografía analógica relacionada con el psicoanálisis, con los sueños… A partir de ese proyecto fue cuando todo empezó a dar sus frutos: fui presentándolo, gané un premio de nuevos talentos, una mención de honor en un concurso de Nueva York… 

¿Cómo te sentiste al percibir que todo el mundo empezaba a apostar por tu trabajo? 

No me lo creía. Porque en la carrera lo primero que dicen es que no puedes vivir del arte, tienes que tener un plan B. Y yo tenía un plan B y un plan C, y de repente me daba cuenta de que mi arte estaba gustando y que a la gente le interesaba. Hoy en día, aún me sorprende el hecho de que a alguien le interese lo que yo hago. Porque como intento hacer lo que quiero, lo que me da la gana, lo que me sale naturalmente, que alguien se pueda sentir interesado por eso de manera espontánea me parece curioso. Eso quiere decir que compartimos cosas y gustos y afinidades. Recibir todos esos reconocimientos fue como una especie de inyección de confianza. 

¿Cómo definirías tu obra? 

A mí me gusta definirla haciendo hincapié en la estética del pasado: me gusta la luz natural de retrato holandés, me gustan los cuadros del renacimiento por su penumbra… Me gusta una estética antigua pero, en cambio, usando un medio más nuevo como podría ser la fotografía digital. Es difícil definir mi obra pero es: inspiración de obras y estéticas del pasado, pero con un punto contemporáneo y mezclando técnicas, con lo que podría ser un arte más conceptual. 

¿En qué influencias y referentes te inspiras? 

Me inspiro en imágenes que encuentro aleatorias, que pueden ser de cualquier cosa. Puede ser una campaña de moda que tenga una luz que me gusta, o puede ser una ilustración de la portada de un libro que me ha llamado la atención. Antes tenía mis fotógrafos de referencia que eran Annie Leibovitz y Duane Michals. Ahora por ejemplo, con Instagram puedes encontrar obras muy fácilmente y ver cualquier cosa, una luz o una combinación de colores que son inspiradores.

 

Andrea Torres

Entonces, ¿te sirven de inspiración las redes en este caso? 

Sí, pero también intento no mirarlas mucho. Creo que también pueden contaminar mucho. Es decir, tú puedes recibir tanta inspiración que es muy difícil filtrar y al final la cabeza puede acabar saturada de imágenes y de colores. Por eso yo siempre digo que intento hacer las cosas que a mí me gustan y al final he acabado creando una estética que es muy mía y cuando la gente dice “esto me recuerda mucho a ti”, me hace mucha ilusión. Te puede gustar más o menos pero  es reconocible, y eso para mí es muy difícil porque creo que si lo buscas expresamente no lo encuentras. Es algo que a medida que vas trabajando acabas descubriendo y acabas viendo. 

¿Cómo es tu rutina de trabajo? 

Empiezo buscando vestuario, volúmenes, texturas, formas… Son el elemento más importante de la obra. Después creo el personaje, es decir, quién será esta persona. Todos son autorretratos pero como les tapo la cara y los vestidos son siempre diferentes, creo como una identidad de este personaje. A continuación, empiezo a pensar en el color, qué me armoniza. Depende de la sensación que quieras dar, los colores marcan mucho el vestuario. Al final de todo viene la pose, que es lo que acaba de redondear cómo es este personaje y marcará mucho la actitud que tiene. Siempre son actitudes muy serenas, muy calmadas, pero que aun así te dicen algo de la persona que hay detrás del personaje. 

Y el tema del toque final con la pintura, ¿el color lo decides previamente, lo haces una vez ya tienes la fotografía? 

Primero hago la fotografía y después hago diferentes prototipos en pequeño. Hay algunas que está clarísimo el color que debe ir. Pero hay otras que tienen muchas posibilidades que a mí me parecen correctas. Entonces hago prototipos en pequeño y cuando ya tengo el resultado veo al final qué funciona y qué no. Después está el paso de hacerlo en grande. A veces lo pasas a grande y no funciona y lo cambias, pero siempre el color de la mancha es el toque final.

¿Qué podrá ver la gente que visite el Seventy durante estos 15 días? 

La serie The Unknown, que son estas piezas de retratos femeninos que se les tapa la cara y tienes que imaginarte quién hay detrás de cada personaje. Hay también una pieza de una variación que hice de esta serie en la que experimenté con el pan de oro, una técnica completamente opuesta a la pintura que requiere mucho más tiempo, mucha más paciencia, que es como una meditación. También hay una de las piezas de mi serie más reciente, Hivernacle, en la que dejo la fotografía digital y me vuelvo a los orígenes de la foto en analógico, cámara de medio formato, carrete, y en la que el color ha desaparecido. 

Andrea Torres Barcelona

¿Te gustaría experimentar con cámaras de Smartphone? 

Yo soy de cámara. Al final lo que me gusta es hacer mis obras grandes, por el efecto que dan. La percepción cambia muchísimo. Además, me gusta controlar las cosas, tocar los valores de la cámara… Y me da la sensación de que con el Smartphone todo es muy rápido, muy fácil, todo es muy al instante. Yo tardo mucho en hacer una foto y me gusta el proceso y me gusta mirarlo. 

¿Cómo valorarías iniciativas como la de Seventy Barcelona con este ciclo de exposiciones para jóvenes talentos (‘Below Thirty’)? 

Las valoro muy positivamente y de hecho creo que lo que hace falta son cosas así. Siempre digo que las redes están muy bien porque ves las piezas en digital, ya sea pintura, fotografía… pero poder ir a algún sitio a ver piezas en directo, cuál es el resultado real, cómo es la pintura, cómo es la escultura, y que además, tengas la posibilidad de llegar a un público interesado por la cultura y por el arte es algo fantástico. Ojalá hubiesen más iniciativas así en las que te dan la posibilidad de llegar a más gente para que puedan descubrir tu trabajo. 

Estamos a punto de acabar el año ¿qué proyectos o que retos tienes de cara al 2020? 

Estoy trabajando en una serie nueva, que de momento es bastante secreta, pero en la que empiezo a usar el collage.

Has vuelto a la Andrea de los inicios…

Sí, sí. He vuelto a la Andrea del principio, a la Andrea pequeña. De momento, solo tengo los primeros esbozos, estoy haciendo las pruebas, los primeros resultados. Pero yo diría que en enero de 2020 empezaremos a ver cosas de un nuevo proyecto que espero que guste tanto o más que los anteriores.