Poble Sec: de lo humilde a lo monumental en un barrio transgresor
2018-01-25
A la falda de la montaña de Montjuïc se encuentra el Poble Sec, un barrio extramuros de la Barcelona medieval que supuso el primer ensanche de la ciudad hasta el plan Cerdà

La costa del Poble Sec, como puerto natural, se usó como puerto de la ciudad por íberos y romanos ya que disponía de una vía de acceso a la ciudad. Tal y como comentábamos la semana pasada, el mismísimo Hércules llegó a su orilla y quedó maravillado del enclave. De hecho, el puerto natural se usó habitualmente hasta el siglo X y esporádicamente hasta el siglo XIV. Sin olvidar que Pedro III de Aragón inició la construcción de las Atarazanas Reales de Barcelona entre los años 1275 y 1285, donde radica el actual Museo Marítimo de la ciudad.

El actual Poble Sec, Pueblo Seco, queda enmarcado entre la Avenida del Paral·lel y la montaña de Montjuïc, y entre el puerto y la Plaza España. A tan sólo 20 minutos caminando de Plaza de Catalunya, fue en realidad el primer ensanche de Barcelona hasta que Ildefonso Cerdà proyectó la reforma urbanística en 1859. Históricamente fue un territorio de cultivo y huertas situado extramuros. Pero cuando las murallas de la ciudad se eliminaron en 1854, los propietarios de los terrenos de la falda baja de Montjuïc empezaron a parcelarlos y a edificar casas sencillas para obreros sin orden ni concierto. De hecho, la zona era de influencia militar desde la Guerra de Secesión y la construcción del Castillo en su cima, y hasta 1869 tuvo restringida la edificación a construcciones más altas de cinco metros para evitar obstáculos a los proyectiles. Así nacieron los barrios de la França Xica, Santa Madrona y las Huertas de San Beltrán, más tarde agrupados como Poble Sec.

¿Por qué Poble Sec si históricamente era territorio de cultivo? Según el historiador Miquel Badenas, que es quien más se ha documentado sobre el barrio, la tierra era muy fértil y el agua proveniente de Montjuïc bajaba en abundancia, pero “las fábricas de tejidos que a mediados del siglo XIX se instalaron alrededor de las atarazanas empezaron a absorber ingentes cantidades de agua. Los pozos empezaron a quedarse secos porque el agua se iba a las fábricas, que funcionaban con la entonces moderna energía del vapor”. Fue precisamente la industrialización durante el siglo XVIII la que empezó a cambiar la fisonomía rural del barrio: carboneras para el puerto, secadero de telas, la explotación de la cantera de piedra de la montaña para construir edificios en la ciudad y, sobre todo, la implantación de la central eléctrica del Paralelo en 1882, la Barcelona Traction, Light and Power Company Limited, conocida popularmente como La Canadiense. De esta central eléctrica se mantienen únicamente sus tres chimeneas, que dan nombre al actual parque de “Les 3 Xemeneies” donde skaters y grafiteros campan a sus anchas y donde cada sábado por la mañana se celebra el Mercat de la Terra, con producto ecológico de proximidad.

De la Guerra Civil, el barrio conserva el Refugio 307, uno de los mejores y el mejor conservado de los más de 1.000 que llegó a haber en todo Barcelona para defenderse de los bombardeos indiscriminados.  Se trata de un refugio antiaéreo que tenía 3 accesos y que fue excavado gracias al trabajo de los vecinos del barrio. Cerca de 400 metros de túneles de 2’10 metros de alto y de entre 1’5 y 2 metros de acho, con varias estancias: lavabos, fuente, enfermería, sala para niños y hogar, entre otros.

Plano del Refugio antiaéreo 307

Pero no todo fueron penas, el Paral·lel fue siempre una arteria de farándula, revista y vodevil, sede de la Barcelona canalla, que llegó a tener 11 teatros. Algunos perduran, como el mítico El Molino, que abrió sus puertas en 1908 con el nombre de “Petit Moulin Rouge” y un espíritu transgresor que mantuvo incluso durante el franquismo, cuando cambió a su actual nombre. Cerrado en 1997 reabrió en 2010 junto con otros de nuevo cuño como la Sala Barts en la que fue sede del antiguo Teatro Español. El Paral·lel vive actualmente un segundo renacer junto con el Teatro Apolo, el Victoria, el Condal y salas como Hiroshima, entre otras, que ofrecen una programación versátil y variada. No en vano, el Poble Sec ha sido cuna de grandes artistas: desde los músicos Joan Manuel Serrat -el noi del Poble Sec-, Jaume Sisa, Carles Benavent y Maite Martín, al actor Joan Gràcia del Tricicle, la célebre orquesta La Salseta del Poble Sec, buena parte de los integrantes de los Mustang y comunicadores como Julia Otero. Y otros, como Sol Picó, Premio Nacional de Danza, lo han escogido como sede de sus proyectos artísticos.

Arquitectónicamente, es un barrio de casas humildes entre las que se encuentran pequeñas joyas modernistas como el número 34 de la calle Margarit o el 28 y el 34 de la calle Tapioles entre otras. Pero en el que destacan grandes equipamientos como el antiguo Palacio de Agricultura sede del Teatre Lliure; el palacio de las Artes Gráficas sede del Museu d’Arqueologia de Catalunya; el Teatre Grec, el MNAC y, en general, toda la herencia de la exposición internacional de 1929 y de la Barcelona Olímpica de 1992 con el Estadio Olímpico y el Pabellón Sant Jordi en la parte alta de la colina.  

¿Recuerdan el estribillo de “Baixant de la Font del Gat / una noia, una noia /baixant de la Font del Gat /una noia i un soldat”? Pues la famosa Font del Gat se encuentra en los Jardines Laribal, al lado del Teatre GREC, y era donde las clases populares subían a pie para hacer fontades, es decir, comer, beber, bailar, celebrar fiestas y cortejarse en los días de asueto. A partir de 1918, en el marco de las obras de ajardinamiento de la montaña, Josep Puig i Cadafalch transformó el antiguo merendero en un restaurante, que actualmente está en uso. ¿Suben, ustedes?

Edificio del Teatre Lliure