Dorotea Chopitea, una mecenas chilena de la Barcelona del siglo XIX
2017-09-07

Son muchos los legados que de Dorotea Chopitea quedan en la ciudad condal: su residencia, el actual hotel Gran Vía, la capilla dedicada al Sagrado Corazón en la cima del Tibidabo, la Escuela Taller de Artes Gráficas de los Salesianos de Sarriá y un largo etcétera. ¿Pero quién era esta mujer?

Dorotea de Chopitea y de Villota, nació en Santiago de Chile, hija de un importante comerciante vasco natural de Lekeitio y emigrado con 20 años a América, y de una criolla miembro de una de las viejas familias de la colonia. La proclamación de la independencia de Chile propició que en 1819, cuando Dorotea tenía tres años, la familia Chopitea se trasladara a vivir a Barcelona, al barrio de la Ribera.

Dorotea se casó a los dieciséis años con Josep Serra Muñoz, que había nacido en Chile, hijo de padres catalanes llegados desde Palafrugell. Se casó con Dorotea, y, como hijo de indianos retornados a Cataluña, hizo una gran fortuna como empresario de la metalurgia, como cónsul del gobierno chileno en Barcelona, y, principalmente, como fundador y directivo del Banco de Barcelona, entidad de crédito creada en 1844.

A raíz de su matrimonio pasó a vivir con la familia Serra en la calle Montcada. Pero en 1870, el matrimonio encargó al maestro de obras Jeroni Granell Mundet la construcción de un palacete en el Ensanche barcelonés, en la Gran Vía de les Corts Catalanes, donde se mudaron en 1873.

 

En 1834, dio a luz la primera de sus seis hijas. Desde el comienzo, Dorotea compatibilizó su trabajo como madre de familia con una vida activa en el seno de la sociedad barcelonesa. De sólidas convicciones religiosas y con una espiritualidad fuertemente ligada al espíritu ignaciano, entre 1844 y 1882 colaboró con la fundación de la Escuela del Sagrado Corazón de Sarrià; fundó centros de día para niños de padres y madres que trabajaban en talleres y fábricas; y junto con Benito Menni puso en marcha un hospital infantil y colaboró en la construcción del Hospital del Sagrado Corazón.

A la muerte de su marido, en 1882, viuda y con las hijas mayores, Dorotea multiplicó su compromiso social con una intensa actividad de mecenazgo, pero también de acción directa con la fundación, construcción y mantenimiento de templos, escuelas, talleres, hospitales, residencias, etc.

A mediados de julio de 1882, tuvo conocimiento de la obra que Juan Bosco estaba llevando a cabo en Italia y otros lugares. Desde el primer momento, le unió con Don Bosco una gran sintonía espiritual y el proyecto se concretó con la fundación de la Escuela Profesional Salesiana de Sarrià en 1884. A raíz de la visita de Don Bosco en 1886 a Barcelona, Dorotea promovió la capilla dedicada al Sagrado Corazón en la cima del Tibidabo, pero, sobre todo, impulsó la fundación en los Salesianos de Sarriá, de la Escuela Taller de Artes Gráficas de Barcelona en 1887.

Murió el 3 de abril de 1891 con setenta y cinco años y dejando toda su fortuna personal a la beneficencia. Finalmente, el 4 de abril de 1927 se abrió su proceso de beatificación y fue declarada venerable por el Papa Juan Pablo II, el 9 de junio de 1983.

El hotel Gran Vía

El palacete de la Gran Vía se destinó por primera vez a hotel en 1935, después de una reforma integral. Ubicado junto al Paseo de Gracia, pronto se convirtió en uno de los focos culturales y sociales de Barcelona, acogiendo en sus salones reuniones, galas y bailes del Real Círculo Artístico de Barcelona y del Teatro del Liceo a finales del s. XIX y principios del s. XX.

En 1986, el Grupo Núñez i Navarro lo compra con el objetivo de reformarlo y convertirlo en un hotel moderno y de lujo. En octubre de 2012 se iniciaron las obras que acabaron en mayo de 2013, dándole el aspecto del actual hotel.

Un hotel de cine

Por su espectacular arquitectura y decoración, el Hotel Granvía ha sido escenario de numerosas películas y series de TV, tanto nacionales como extranjeras. Además, también ha servido de localización para reportajes fotográficos de revistas y catálogos de moda. Destacando el fotógrafo Outumuro, que ha inmortalizado a infinidad de modelos y actrices en los salones del Hotel.

No en vano, su interior está decorado con una serie de fotografías de la reconocida artista sueca Maria Espeus en las que la presencia femenina, la moda y el glamour de los años 50 son los protagonistas absolutos de estas imágenes de gran tamaño, todas ellas en blanco y negro: “Dejándome llevar por la luminosidad y la blancura reinantes en el hotel, aposté por una serie de imágenes que rinden un pequeño homenaje a la obra de grandes maestros europeos de la fotografía, como Irving Penn, y que inmortalizan el refinamiento y el glamour de la mujer”.

El blanco omnipresente y la majestuosidad de la escalera interior son motivo de asombro para todos los que irrumpen en el hall de entrada. Pero si te fascina la historia de este emblemático edificio barcelonés y la de su promotora, Dorotea Chopitea, estate atento al Open House los próximos 21 y 22 de octubre. La historia continua.