Bares Míticos de Barcelona: La historia también se bebe
2017-08-08

 

 

Si América se forjó en las calles, como decían en Gangs of New York, bien podríamos decir que Europa se forjó en los bares. Pero no en bares como los de ahora, con tapas, barriles y pósters de un equipo de fútbol. Hablamos de cafés en los que se reunía la intelectualidad, y en los que surgían encendidos debates sobre la monarquía y la república, sobre religión y sobre las nuevas ideas que se iban gestando en toda Europa a lo largo de los siglos XVIII y XIX buscando su acomodo. En Francia, el Café Le Procope en París fue lugar de reunión para personajes como Voltaire, Rousseau, Danton o Marat. En Madrid uno de los más famosos fue el Café del Pombo, cuyos debates fueron inmortalizados en lienzo por José Gutiérrez Solana.

Barcelona también puede presumir de sus cafés históricos, frecuentados por figuras relevantes de talla mundial como Picasso, Joan Miró o Ernest Hemingway. Y lo mejor de todo, algunos de ellos todavía siguen en funcionamiento. ¿Los descubrimos?

 

 

Els Quatre Gats (Carrer Montsió 3, Barrio Gótico)

No es el más antiguo pero quizás sí sea el más mítico de la ciudad. Ha quedado en el imaginario colectivo como el bar bohemio por excelencia. Tiene una mística que enamoró al mismísimo Woody Allen, que lo incluyó como escenario de la película Vicky, Cristina, Barcelona. El local se inauguró en 1897 como taberna con comida barata y música de piano. Ramón Casas y Santiago Rusiñol contribuyeron  económicamente a su apertura. Además de ellos, Rubén Darío, Isaac Albéniz, Enric Granados, Gaudí o Picasso frecuentaron unas tertulias en las que según el fundador del local, Pere Romeu, “se arreglaba el mundo” y que eran “alimento para el espíritu”. El local cerró en 1903 y volvió a reabrir sus puertas a final de la década de los 70, cuando tres empresarios gastronómicos decidieron relanzar un lugar mítico de la cultura barcelonesa.

 

London Bar (Carrer Nou de la Rambla 34, El Raval)

Inaugurado en 1910, acogió entre sus paredes a Picasso, Miró, Hemingway, Machado y Carlos Gardel. Mesas de mármol, decoración modernista y cobijo de la bohemia barcelonesa. Desde su apertura funcionó de forma ininterrumpida durante 106 años, hasta la muerte de su propietaria, Eli Bertran. Recientemente se ha sabido que Carlos Raluy, fundador del histórico Circo Raluy ha heredado el local y está preparando su próxima reapertura para enero de 2018, con la idea de conservar la programación cultural, a través de espectáculos de circo y de música en vivo.

 

Agüelo 013 (Carrer Avinyó 37, Barrio Gótico)

Quizás el que mejor ha sabido aprovechar su pasado decimonónico para hacer de su servicio una auténtica experiencia de vanguardia. Con cuatro espacios diferenciados, esta taberna que data de 1850 ha sido punto de encuentro de varias generaciones de barceloneses, que lo convirtieron en uno de los lugares de ocio  más típicos de la ciudad donde el precio solía compensar la “calidad” del producto. Desde 2013 también cuenta con restaurante para más de 300 comensales y con una enoteca en la que se pueden degustar más de 40 vinos de 20 denominaciones de origen diferentes.

 

Velódromo (Carrer Muntaner 213, l’Eixample)

Según sus propietarios, el Velódromo “es un café-bar-restaurante en el que ninguno de estos conceptos predomina por encima del otro”. Un local en el que poder empezar una noche de juerga por la zona de Aribau y Tuset tomando un cocktail, o acabarla desayunando con cuchillo y tenedor antes de irte a dormir. El origen de este bar se remonta a 1933, cuando el Eixample empezaba a tener ya la forma que hoy conocemos. El Velódromo acogió tertulias y reuniones políticas hasta el estallido de la Guerra Civil. Por allí pasaron literatos y miembros de la gauche divine barcelonesa.  Después del conflicto el lugar adquirió renombre como bar de copas y así siguió hasta 2000, fecha en que lo adquirió la cervecera Moritz para reabrirlo nueve años después y convertirlo, de nuevo, en punto de encuentro del mundo cultural de la ciudad.

Estos son algunos, pero no los únicos bares que han visto pasar los siglos y aún viven para contarlo: El Café de la Ópera, Casa Almirall o  Els 7 Portes seguirían en una lista que daría para más de un post. Y es que la historia de Barcelona también se aprende en sus bares. ¿Quién se anima a una ronda?