5 Esculturas para realizar una ruta low-cost por Barcelona (I)
2019-01-10

Solo llevamos 10 días de enero y la famosa “cuesta de enero” nos parece ya un Tourmalet insalvable. Tras un mes de diciembre a medio gas y a tope de celebraciones y gastos extras, el habitual incremento de la vida con el cambio de año hace que estos primeros 31 días se nos hagan eternos. Toca abrocharse el cinturón y recortar gastos. Y encima nos viene una ola polar…¡Así no hay quien salga de casa!

 

A la espera de que el mes suavice su pendiente, hoy os traemos una interesante actividad con la que disfrutar de un día low-cost en Barcelona. Con una T-10, un bocata y una botella de agua tendremos más que suficiente para montarnos un plan de bajo coste con el que salir de casa. Si en el pasado os planteamos un tour por Barcelona a través de sus fuentes, sus planes dominicales o una relación de libros con los que redescubrir la historia de nuestra ciudad, hoy os proponemos  un viaje urbano a través de algunas de sus esculturas más icónicas. ¿Las conoces todas? Ponte calzado cómodo, ¡que nos vamos de ruta!

El gato de Botero

Si los gatos tienen siete vidas, se podría decir que esta escultura icónica del colombiano Fernando Botero ya ha gastado cuatro de ellas. Una por cada ubicación que ha tenido en nuestra ciudad. Tras su adquisición en 1987 el ayuntamiento lo colocó en el Parc de la Ciutadella, donde estuvo hasta 1992, año en que lo mudaron a los aledaños del estadio Lluís Companys para disfrute de los asistentes a Barcelona’92. Pinchada la burbuja olímpica, el gato inició una nueva vida, en este caso en la plaza Blanquerna, junto a las Drassanes, donde permaneció semioculto hasta que en 2003 se le trasladó a la Rambla del Raval, donde goza en plenitud de su cuarta existencia. Parece ser que, esta vez sí, definitiva. 

 

Gato de Botero en la Rambla del Raval ©Anna

 

Allí lleva 15 años siendo testigo mudo de la transformación constante de un barrio que quiere posicionarse en la enorme oferta cultural de la ciudad. Esta rolliza escultura es sin duda uno de los grandes reclamos que ofrece el distrito. A cuatro pasos del centro, cientos de turistas se acercan a diario hasta el bulevar para fotografiarse con este felino grande y gordo, con cara infantil y larga cola. Buena fe de ello da la etiqueta #gatodebotero en Instagram, con todas las perspectivas imaginables del popular minino. Los más atrevidos incluso osan trepar hasta su cuello para inmortalizarse en plan mayestático como si estuviesen a lomos de un elefante.

 

La gamba de Mariscal

 

No muy lejos del Raval, una gamba gigante con patas de langosta preside el paseo de Colón, en el frente marítimo de Barcelona. Es la gamba de Javier Mariscal, una escultura gigante encargada al creador de Cobi a raíz de la renovación de la zona litoral de Barcelona de cara a los Juegos Olímpicos. Lo que en principio debía ser el reclamo para uno de los diversos restaurantes especializados en marisco que afloraron en el Moll de la Fusta, acabó convirtiéndose en un icono identitario de la zona marítima. Tras la finalización de los Juegos Olímpicos, los diferentes locales fueron entrando en decadencia hasta que se vieron obligados a echar el cierre. Fue entonces cuando el ayuntamiento se hizo con esta gigante forma construida en porexpan y poliéster ignífugo y la restauró para disfrute de los turistas, que han encontrado en ella un enorme atractivo con el que fotografiarse en su visita al puerto.

 

Escultura de la Gamba de Mariscal en el Port Vell ©Mikipons

 

Las cerillas

 

El parque de Vall d’Hebron es otro de los múltiples espacios que Barcelona ganó a raíz de los Juegos Olímpicos de Barcelona’92, cita que trajo consigo una enorme transformación de la zona, y que tuvo como resultado la construcción de diversas instalaciones deportivas, como las pistas de tenis y un pabellón polideportivo, así como la edificación de zonas residenciales combinada con zonas ajardinadas.

 

Escultura els Mistos ©C.C.O

 

Uno de los atractivos que conserva el lugar es la escultura Mistos, una de las más populares de nuestra ciudad. Ideada por el sueco Claes Oldenburg, consiste en una cajita de cerillas gigantes, de hasta 20 metros de altura. La escultura representa una caja de cerillas caída al suelo. Una de esas cerillas representa estar encendida, mientras el resto están dobladas hacia el suelo. Alrededor de la caja hay cuatro cerillas más, esparcidas a lo largo de la calle que aparecen sueltas y pintadas de negro, como si se hubiesen dejado consumir. 

 

Pez

 

A pesar de su descomunal tamaño, la escultura que encontramos a los pies del Hotel Arts no es una ballena, como muchos piensan inicialmente. Se trata de Pez, la escultura ideada por Frank Ghery con la que el ayuntamiento quiso redefinir su fachada marítima. El puerto olímpico, las dos torres…y una figura enorme de 56 metros de largo y 35 de alto que parece que en cualquier momento vaya a zambullirse sobre las aguas del Mediterráneo frente al que está situada. 

 

Realizada sobre una estructura metálica, es su capa exterior, realizada en acero inoxidable de color dorado, la que otorga belleza y singularidad a la creación. En función de la intensidad de la luz y del reflejo de los rayos solares sobre ella, esta capa exterior parece convertirse en una piel escamada que llena de vida al inanimado objeto, visible ya desde la playa de la Barceloneta. Es por este juego de luces que la salida del sol desde el mar y la puesta de sol al atardecer se convierten en los momentos preferidos por los visitantes para inmortalizar esta estampa tan colorida.

 

Pez, de Frank Ghery, en el Port Olímpic ©Canaan

 

Dona i Ocell

 

Una muestra de que Barcelona ya apostaba por el arte urbano antes del boom de Barcelona’92. Fue un regalo que Joan Miró hizo a la ciudad de Barcelona. Conocida comúnmente como Dona i Ocell, su nombre original fue Dona-bolet amb barret de lluna. La escultura tiene el honor de ser la última escultura pública de Miró, ya que fallecería en 1983, pocos meses después de su inauguración por parte del entonces alcalde, Pasqual Maragall.

 

La obra, de 22 metros de altura, trabajada sobre hormigón y que reposa sobre un estanque artificial, representa una figura femenina con un sombrero en el que se posa un pájaro. Su reciente restauración por parte del Ayuntamiento de Barcelona ha hecho un auténtico lifting de la escultura, dejándola tan reluciente como la diseñara Miró cuando la regaló a la ciudad de Barcelona. 

 

Dona i Ocell vista por la noche ©Jan Hammershaug

 

 

Las mencionadas hasta ahora son solo algunas de las esculturas más representativas de nuestra ciudad. Aún quedan muchas más que podíamos seguir relatando en este artículo. Pero como recorrerlas todas de una sola vez nos llevaría a un esfuerzo titánico y las prisas por verlo todo nos privarían de disfrutar y recrearnos en los detalles, preferimos seguir con la ruta en otra ocasión. Además, enero sigue siendo muy largo y necesitaremos otro plan low-cost con el que aliviar su enorme cuesta.