Xavier Baladía: “El principal legado de la burguesía es el arquitectónico”
2017-07-07

 

xavier-baladíaEn una de las visitas que el Grupo Núñez i Navarro realizó a la Torre Enric Cera tuvimos la suerte de coincidir con Xavier Baladía, periodista del Colegio de Aparejadores, Arquitectos Técnicos e     Ingenieros de Edificación de Barcelona. Además de trabajar en el sector, conoce a la perfección la Barcelona de los Andreu, los Cera, los Fabra etc. Así lo reflejó en sus dos obras: Antes que el     tiempo lo borre y L’avi Ninus, glòria i crepuscle d’un dandi, en las que retrata la Barcelona de finales del siglo XIX y principios del XX a través de dos ramas principales de su familia, los Baladia   y los Llorach. El encuentro tuvo lugar en una terracita del Turó Park, casi en el límite con Les Corts y el Eixample, pero Sant Gervasi al fin y al cabo. Con la confianza y la seguridad de saberse en     casa, este nieto de la vieja burguesía reivindica con vehemencia y con nostalgia la importancia y el legado de una Barcelona refinada y esplendorosa que se fue para no volver.  Y lo hace ya desde un principio, defendiendo el barrio que lo vio nacer: “Sant Gervasi es esta esencia de la burguesía, que es cosmopolita, el barrio más elegante de Barcelona, muy parisino, pero al mismo   tiempo muy catalanista. De hecho, el principal legado de esta burguesía es el arquitectónico”.

 

¿Una cuestión de status?

Esta burguesía ha conquistado el poder desplazando a la aristocracia, diciéndoles que tienen derecho al poder porque han hecho méritos para ello. Es una burguesía ilustrada, consciente de  sus derechos, pero que siente la obligación de devolver a la sociedad parte lo que ésta le ha dado. Y gracias a esa “responsabilidad” surgen el Observatorio Fabra, el Hospital de Sant Pau y otras obras que son el legado de grandes familias como los Fabra i Coats o los Gil. Si no eran perfectos, eran muchísimo mejor que las clases dirigentes actuales. Joaquim Coll i Regàs fue de   los primeros de Europa en dar una baja por maternidad. Y a la fábrica Fabra i Coats se le conocía como Can Mamella porque tenían vacaciones de verano pagadas, servicio de guardería y escuela para los hijos de las trabajadoras, una pequeña clínica a su disposición...

 

 ¿Se considera usted burgués?

Yo tomo conciencia de ser burgués desde la distancia, porque la burguesía, como tal, no pervive más allá de la guerra civil. Precisamente, esa distancia me permite tener esta visión panorámica y observadora sobre mi origen y sobre detalles familiares que me hacen tomar conciencia de quiénes fueron los Baladia-Llorach. Nosotros vemos el valor o la historia de las piedras, pero por detrás de eso están las vidas que allí se vivieron, que están al mismo nivel.

 

¿Crees que ya está todo explicado de aquella época?

Al contrario, no se ha explicado nada. Aquí falta una literatura de sus élites antiguas como en Francia con Proust, Austria con Zweig o Italia con Tomasi de Lampedusa. Esos países han sabido perpetuar el legado de esta burguesía exquisita, de la Belle Époque. Nuestra Belle Époque corresponde con la eclosión de nuestro Modernismo y Novecentismo. Un ejemplo de esa época de refinamiento sería la casa Gomis-Bertrand, La Ricarda, de estilo racionalista. Exquisitez pura. Todo eso se ha perdido. El mundo se está vulgarizando. En ese sentido, admiro la labor de Núñez i Navarro, recuperando patrimonio de la ciudad, como La Rotonda o Lleó i Morera, cuando la lógica empresarial del siglo XXI indique  derribarla y construir un rascacielos de 100 plantas.

                                                                                                                                                                                                                                                                                               

¿Qué crees que escribirán de aquí a 100 años sobre la Barcelona de nuestros días?                                                                                                         

Barcelona es muy potente y está destinada a ser un icono mundial. Somos la primera ciudad para realizar congresos. Hay lista de espera de empresas de todo el mundo y esto no hay quien lo pare. A nivel arquitectónico el legado que quedará es el que tenemos actualmente: el Modernismo y el Novecentismo. No se ha aportado nada nuevo, aunque quizá se acabe descubriendo más talento escondido.

 

En sus dos obras hace un retrato sus antepasados. ¿Le costó desnudar a su familia?

Sin duda. Con el primer libro la mitad de la familia me dejó de hablar. Consideraban que no era un tema que se tuviese que tratar. Ese es un pensamiento muy burgués.  Afortunadamente a la otra mitad les encantó. A mí me hizo sufrir sobre todo la película. Cuando cedes los derechos al director, lo haces con todas las consecuencias. Sin embargo nos entendimos a la perfección.

 

¿Cree que la Sociedad es consciente de la importancia de estos edificios?

Arquitectónicamente sí. Y más que las autoridades. Muchas casas se han salvado gracias a la presión popular. Si no fuese por ellos Barcelona parecería Miami, Lima o Bogotá, con rascacielos por todos lados.

 

¿Además de los edificios, qué queda de la burguesía?

Actualmente queda poco, más allá del exquisito legado arquitectónico de una ciudad que ni siquiera llegó a ser capital de estado, así que no es poca cosa. Queda el refinamiento de aquella época en barrios como Sarrià o Sant Gervasi y queda el relato de una época esplendorosa. Pero como grupo de poder no queda nada. De hecho el poder no está ni en Madrid. Se ha globalizado todo.

 

Fotografía portada: Xavier Baladia con la escritora Victoria Bermejo en el edificio La Rotonda


Fotografía interior: (c)Ramón Serrano