Barcelona, pasado, presente y futuro Mediterráneo
2019-08-29

Barcelona se abre al mar. La limitación física de Barcelona a norte y sur con los ríos Besòs y Llobregat y al oeste con la montaña de Collserola hizo que ante la transformación llevada a cabo de cara a los Juegos Olímpicos de Barcelona’92 solo quedase un sitio hacia donde expandirse, el Mediterráneo. Y no es que la ciudad haya ganado terreno hacia el mare Nostrum, que también, sino que la única zona viable para llevar a cabo nuevos proyectos era la zona que se extiende desde la Barceloneta y el parque de la Ciutadella hasta la desembocadura del Besòs. 

Allí se encontraba la zona industrial del Poblenou, con fábricas en desuso o, directamente, abandonadas. Más allá, la ciudad se extinguía en el Somorrostro, un “barrio” lleno de chabolas construidas por los migrantes desplazados a Barcelona para aprovechar las oportunidades laborales generadas por la Exposición Universal de 1888. 

Pero todo eso cambió una tarde de 1986 cuando Juan Antonio Samaranch dijo aquello de “a la ville de…Barcelona”. Comenzó entonces una transformación urbanística equiparable al plan Cerdà y  a las Exposiciones de 1888 y 1929 que se hicieron notar en toda la ciudad, pero que tuvieron su epicentro en la zona litoral. Y aunque el de Barcelona’92 fuese el más ambicioso, no ha sido el único proyecto que nos ha acercado al mar.

La Vila Olímpica

Un nuevo barrio surgido a raíz de Barcelona’92 con el que Barcelona se abría definitivamente al mar. Hasta ese momento, toda la zona pertenecía al complejo industrial del Poblenou y estaba llena de chabolas. El diseño corrió a cargo del equipo de arquitectos formado por Josep Martorell, Oriol Bohigas, David Mackay y Albert Puigdomènech, que confeccionaron el barrio siguiendo el modelo cuadriculado de manzanas de casas que podemos ver en el Eixample. Durante la celebración de los Juegos, fue la residencia oficial de los atletas. Su construcción supuso una nueva vida para una zona tradicionalmente pobre como era esta. Desde un primer momento el lugar fue concebido como un espacio de calidad y tranquilidad lleno de jardines y amplias avenidas orientadas hacia el mar. Se ganaron playas como el Bogatell, Nova Icària o la Mar Bella. Con el tiempo la zona acabó convirtiéndose en un punto álgido del ocio en Barcelona, gracias a la recuperación del Puerto Olímpico como zona de restauración y fiesta: bares, chiringuitos y restaurantes concentran una gran parte del turismo de la ciudad. Otras construcciones de ese momento fueron el conjunto de edificios formado por el hotel Arts y la torre Mapfre, que con sus 154 metros cambiaron el skyline de Barcelona, la escultura Pez de Frank Gehry, el Maremàgnum y la renovación del paseo marítimo de la Barceloneta. 

Barcelona se abre al mar

 

El Fòrum de las Culturas

La Barcelona postolímpica se reinventó con un nuevo proyecto que abrió la única parte de Barcelona que todavía vivía de espaldas al mar, la zona del Fòrum. En 1996, el entonces alcalde Pasqual Maragall presentó un nuevo evento que colocaría a nuestra ciudad de nuevo en el mapa mundial: El Fòrum Universal de las Culturas de 2004, un evento internacional de cuatro meses de duración sobre la diversidad cultural y el desarrollo sostenible. La zona escogida fue el límite norte de la ciudad, junto a la desembocadura del río Besòs, una zona bastante degradada hasta ese momento. Con la transformación olímpica en el recuerdo, se llevó a cabo el proyecto urbano más ambicioso en Barcelona en las últimas décadas, en una extensión de 30 hectáreas. Se acabó de cambiar la fisonomía del Poblenou creando el distrito tecnológico del 22@, se prolongó la Diagonal hasta primera línea de mar, se construyó un nuevo barrio residencial – Diagonal Mar- en el que prima la sostenibilidad de las edificaciones y se adecentó la zona que albergaría todos los actos del Fòrum. Así, se construyeron hoteles, una placa fotovoltaica, un escenario, un mirador, una zona de baños, dos parques infantiles, una gran explanada y un auditorio. Tras el Fòrum, la ciudad ha heredado un enorme parque urbano multifuncional en el que se realizan todo tipo de actividades de ocio y suele ser sede de festivales como el Primavera Sound o el Cruïlla. Y es que pocos espacios pueden presumir en nuestra ciudad de acoger, de manera simultánea, hasta 65.000 personas. 

 

Barcelona se abre al mar

 

La Nova Bocana de Port Vell

Tras recuperar todo el norte del litoral de Barcelona, la ciudad sigue abriéndose paso ante el Mediterráneo en su vertiente sur. Así, 18 años después de que el espigón del viejo Rompeolas fuese derribado para construir el puente de Europa que debía facilitar el acceso de las embarcaciones a los muelles, Barcelona ha estrenado un espigón de 400 metros de longitud como una primera fase de un nuevo proyecto de ampliación de la ciudad hacia el mar. El proyecto culminará con una segunda fase en la que se construirán edificios para la docencia náutica, una franquicia del museo Hermitage que llevará la firma del arquitecto japonés Toyo Ito, y una zona de restauración que permitirá rememorar los tiempos más dulces del viejo rompeolas, que siempre ha permanecido en la memoria colectiva de los barceloneses. 

La nueva escollera se ha concebido como una prolongación del paseo marítimo a partir de una ampliación de la plaza Rosa dels Vents, que ahora ofrece una panorámica de 360 grados sobre el mar y la ciudad. En total estamos hablando de 36.000 m2de espacio de uso público y ciudadano que supondrán la extensión y la conexión de la zona portuaria con el paseo. Con esta reforma, el nuevo paseo acaba en un mirador con gradas con unas vistas únicas sobre el Mediterráneo y la zona que rodea a la montaña de Montjuïc. A tenor de los datos registrados, la experiencia no podía ser más positiva. Desde su apertura a finales de 2018, han sido miles los visitantes que han recorrido a pie o en bicicleta los 400 metros hasta la inesperada panorámica 360 grados del nuevo mirador de Barcelona.

 

Barcelona se abre al mar

 

Tanto al norte como al sur de su territorio, Barcelona vuelve a construir su futuro abriéndose a un Mediterráneo al que había dado la espalda durante buena parte de los siglos XIX y XX, olvidando que su origen llegó a través del mar. Mirar atrás para seguir adelante. ¿Os suena?